domingo, 31 de enero de 2010

LE PIANISTE FOU


Es Jason Charles Beck un tipo grande, algo excéntrico y con un sentido del humor que ha hecho famosos a judios de Nueva York como Woody Allen o Jerri Seinfeld. Su primer problema fue que nació en Toronto, Canadá. Un país fantástico que dejó en 1998 después de una batalla legal con su casa discográfica que tras haberle producido como líder de un grupo llamado Son y haber editado un album de nombre "michaeljacksiano": `Thriller´-con claras influencias de Prince y Elvis Costello-, consideró que el siguiente:`Wolfstein´ era demasiado experimental. Contaba la historia de un hombre que se transforma en lobo después de haber tenido un golpe con su coche. Jason Beck, hermano de Chris Beck -compositor de bandas sonoras para cine y televisión-, decidió cambiar de continente -se trasladó a Berlín- y de nombre artístico: Gonzales, "Gonzo" para los amigos...

Después de Berlín, donde se proclamó "Presidente del underground" y donde lidera un grupo de rap que se llama Puppetsmataz, se trasaladó a París donde ha trabajado como `songwriter´-una palabra que apreciamos en este blog- para una resucitada Jane Birkin o para un grande entre los grandes: Charles Aznavour, además de vacilar con uno de los cantantes más excentricos de Francia: Philippe Katerine. Hasta la capital francesa había llegado, como él mismo dice, llevando a la cantande Leslie Feist como compañera de "sidecar". Su influencia es evidente en el disco que convirtió a la suave cantante "indi", también de nacionalidad canadiense, en una estrella mundial: `Let It Die´ y en el que después la encumbró como banda sonora del "cacharrito" teconológico de este inicio de siglo.
Gonzales y Feist son capaces de marcarse dúos emocionantes como el que sigue...

Pero "Gonzo" es un bulímico. No para. Y en 2004 se lanza a un proyecto que le ha dado a conocer como un gran pianista: "Solo Piano". De hecho, aprendió a tocar cuando tenía 3 años, mientras imitaba las clases que recibía su hermano Chris. Y es un pianista sumamente sensible -algunos le comparan a Eric Satie- que es capaz de hacer una versión tremenda -con toques a lo banda sonora de James Bond- de uno de los temas favoritos de Hernández...

La última excentricidad-heroicidad de Gonzales ha sido batir el record Guiness del "concierto más largo para solista" el 18 de mayo de 2009 en el Theatre Cine 13 de París, propiedad del cineasta Claude Lelouch -el de "Un hombre y una mujer"-. Allí, entre sudores dignos de un atleta más que de un músico, dejó perlas como esta versión del tema incluido en la banda sonora de "Staying Alive". Los Bee Gees es uno de los grupos favoritos de Gonzales...

Ahora vive en Londres, pero hay que estar atentos: cualquier día de estos se deja caer por España.

jueves, 28 de enero de 2010

POR CIERTO...

...al escuchar la increible voz de Terry Callier -en especial durante el video con Beth Orton en el programa de mi admirado Jools Holland- no he podido más que pensar en esos "crooners" que no lo parecen porque no se hacen acompañar por la clásica "big-band" aunque atesoren en sus melodías la misma intesidad romántica de las baladas que hicieran famosos a Sinatra, Crosby o, más recientemente, a los Bublé o Cullum (muy buenos, por cierto). Callier me trajo a la cabeza más a un Johnny Hartman acompañado por Coltrane y a alguien que también ha permanecido en un segundo plano, a la sombra de los grandes, y que ahora, en su madurez, se revela como un "crooner" temible: Ben Sidran. Su último trabajo -después del que grabó en el castizo Café Central- es una reinterpretación -y digo bien- de 12 temas clásicos de Bob Dylan como este "Highway 61"...

Sidran es un "jazzman" como la copa de un pino y sería bueno recordar tanto sus inicios con la Steve Miller Band como sus colaboraciones con Van Morrison, donde trabo una amistad complice con otro gran teclista y jazzman en la sombra: Georgie Fame, con el que se monta este vacilón "Its Should Have Been Me"...

Como ya sospecháis, la próxima entrada va de un pianista "crooner" con un sentido del humor muy especial.

lunes, 25 de enero de 2010

POR CIERTO...





















Por cierto... Gracias, Fernández, por tu recomendación de Richard Bona. Es un palo que apenas tocoy es bueno sacar los oídos a pasear de vez en cuando.
Efectivamente, es un tipo lleno de sensibilidad y humor, lo cual nunca está de más, y, sobre todo, parece tener muy claro de dónde viene y de lo privilegiado de su posición, para ayudar a los que todavía están allí. Si te pones a ello, resulta curioso hacer el ejercicio de imaginar que lo que Bona tiene en sus manos no es ese mágico bajo, sino una kora. Te garantizo que en seguida vas a apreciar, como con un buen vino, todos los matices de su música.
En agradecimiento a tan magnífica sugerencia, te regalo el enlace con esta maravilla: Richard Bona como invitado del concierto acústico de Lenine para la MTV.



En cuanto a tú último "por cierto", qué te voy a decir. Has despertado en mí el cosquilleo de otros tiempos. Me he puesto a buscar mis canciones preferidas de Esclarecidos y he encontrado ésta, en un clip más o menos aceptable ¿Tendrá algo que ver el que mi padre tuviese tienda?



Y para Antonio que sé que está ahi, una indiscutible "Arponera



Otro "por cierto", éste en homenaje a Isaías Lafuente ¿Las ballenas y los cachalotes se pescan o se cazan?

UCHAS GRACIAS POR

sábado, 23 de enero de 2010

EL VECINITO DE CURTIS MAYFIELD

La memoria es un cesto de cerezas del que tirando de un recuerdo o un pensamiento van surgiendo otros. Lo digo porque la última vez que nos vimos hablamos de Hal Wilner, un mítico productor de Filadelfia al que, sin yo saberlo, descubrí un día en su homenaje a Nino Rora "Amarcord Nino Rota", en el que ponía a músicos de todos los pelajes al servicio de un homenaje hecho a la mayor gloria del genial compositor italiano. Fue entonces cuando tú me hablaste de otro homenaje, el dedicado a Thelonious Monk, que yo había olvidado y que te descubrí antes de tener que deshacerme de aquel doble vinilo. Pues bien, de aquella conversación surgió la curiosidad por la totalidad de las producciones-homenaje de Wilner y gracias a ella descubrí que una de sus últimas aportaciones, magnífica como siempre, es el denominado "The Harry Smith Project: Anthology of American Folk Music Revisited"actualización de aquella primera antología que editara el folklorista norteamericano Harry Smith en los cincuenta.
Magnífico disco -doble- en el que se puede escuchar a los mejores del folk rock y más renovando clásicos de la música folk norteamericana. Una de eses recreaciones le corresponde a la británica Beth Orton, a la que tenía un tanto perdida y fue la que me llevó -otra vez las cerezas- a Terry Callier, un curioso tipo, de indiscutible calidad que ha hecho el camino del folk al rhythm and blues, olvidado en los setenta y rescatado por los "pinchadiscos" británicos y por la delicada Beth Orton que le cedió todo el protagonismo en uno de sus discos, en el que comparte voz y sabiduría con Callier, como en este delicado "Dolphins".



Terry Callier, de Chicago, del 45 y vecino durante su niñez de Curtis Mayfield, decidió hacer de la música su medio de vida. Y no le fue mal del todo, partiendo del folk -del nuevo sonido folk, como rezaba la portada de su primer álbum- consiguió algún que otro éxito que, pese a todo, no le daba seguridad como para mantener una familia. Fue por eso que, cuando a los treinta y tantos recibió la custodis de su hija que por entonces tenía 12, colgó la guitarra, estudió informática y se convirtió en programador, con trabajo en la Universidad de Chicago.
Y su guitarra hubiese seguido colgada de no ser porque, con la llegada del accid jazz y otros estilos basados en el rescate de viejas músicass, en las discotrecas del Reino Unido comenzaron a pincharse sus discos, esos discos casi perdidos que, sin embargo, tenían ese sonido tan especial .



Fue Beth Orton la que le devolvió a los estudiso en 1997 con sue EP "Best bit". Un disco que era, de principio a fin, un homenaje al veterano músico. Terry aprovechó el tirón y grabó su álbum "Timepeace", que fue premiado por la ONU por su contribución a la paz mundial.




Lo cierto es que el estilo de Terry, a caballo entre el folk y el soul, ha resisitido como si nada el paso del tiempo y su carrera se ha relanzado hasta el punto de que a la edad en que otros se jubilan ha colocado en las listas su álbum "Hidden Convesratiosn", al tiempo que Massive Attack ha decidido contar con su voz para su tema "Live with me".

martes, 19 de enero de 2010

POR CIERTO...




...la música es asociación de idéas y tu comentario, Javier, sobre las "Pauline" -de las que me habías hablado pero que no había podido degustar hasta ahora- me ha traído a la cabeza otra voz y otra música también de dos hermanos: los Lliso, que en el ámbito de ese singular proyecto musical que fue Esclarecidos también tenían ese gusto por las letras bien hechas y por esas armonías delicadas. La voz de las hermanas Alvarez me ha recordado más que a las Vainica Doble, la manera en la que Cristina Lliso interpretaba una de mis canciones de amor favoritas por la melancolía que destila: "No hay nada como tu (soberbia)", incluida en su disco "Rojo" y en la que también, por cierto, aparece una playa. No he conseguido el tema -ni en video ni en mp3- para poder colgarlo en este comentario. Sí he encontrado un sosísimo video-musical de otra gran canción de amor de ese mismo disco: "El tren azul", en la que el saxo que tocaba el hermano de Cristina está también muy presente...



Por cierto, ¿qué es de los hermanos Lliso? ¿existe todavía GASA? He visto un disco de Calamaro en el que colabora Cristina, pero nada más.
Salud y ¡banzay!

domingo, 17 de enero de 2010

BONA EN CINCO NOTAS

Sostiene Richard Bona (Camerún, 1967) que el blues no nació ni en Africa ni en el delta del Mississippi por mucho que se empeñara Martin Scorsese en probarlo con su magnífica película "De Mali al Mississippi" incluida en la serie "The Blues". En una reciente entrevista al diario `Le Monde´, el impresionante bajista y sutil cantante africano asegura que el blues es "una gama de cinco notas , presente en diferentes tradiciones y expresiones musicales. Se encuentra en el Mississippi, en el oeste de Africa, pero también en Irlanda, en el flamenco, en aquellos lugares donde no existe ningún rastro que pueda demostrar que son los negros los que lo han llevado hasta allí. Los orígenes del blues son muy misteriosos..." Y lo intenta demostrar en su séptimo y último disco: "The Ten Sides Of The Blues" en el que se adentra en los mantras indios con el tema "Shiva Mantra" o en el country con "African Cowboy".
La historia de Bona es muy parecida a la de cualquier inmigrante africano en Europa. A los 20 años, emigra primero a Alemania y luego a Francia, donde las autoridades rechazan renovarle la "carte de sejour" con el argumento de que ya había muchos bajistas franceses inscritos en el paro. En 1995, vuelve a emigrar, en este caso a Estados Unidos -donde vive en la actualidad y se ha dado el gusto de votar en las últimas elecciones presidenciales por Obama- y se ha convertido en un músico imprescindible de la escena neoyorkina desde que se diera a conocer como director musical de Harry Belafonte. Luego ha trabajado con George Benson, Paul Simon, Chaka Khan , Chick Corea, Joe Zawinul o Bobby McFerrin, entre muchos otros. Yo tuve la oportunidad de verle hace dos años en la vuelta a los escenarios de Steps Ahead. Un concierto al que Michael Brecker no asistió porque ya estaba aquejado de la enfermedad que nos privó de su presencia de manera definitiva meses más tarde. Bona iluminó el escenario con su voz como lo hace en el siguiente video.
video

El guiño inicial sobre la traducción del título al francés se debe a que Bona, como desvela su amigo y mentor Manu Dibango, escribe sus textos en douala -una de las lenguas de Camerún- "que muy poca gente que la habla consigue comprender. Uno nunca sabe donde quiere llegar con sus letras". De hecho, el disco que me llevó hasta Bona y que considero uno de los mejores de la Historia de la Música -así, en mayúsculas- es el que grabó con el congoleño Lokua Kanza y con el martiniqués Gerald Toto: "Toto Bona Lokua". En él, las letras no tienen un significado mas allá del que le quiere otorgar quien las oye, como reconocen ellos mismos en este reportaje que les dedicó France 2.

Bona empezó en esto de la música porque su abuelo le regaló cuando tenía 3 años un balafón artesanal: un instrumento tradicional hecho a base de láminas de madera fijadas sobre calabazas. El joven Richard recuerda el buen humor de su abuelo y sobre todo la lección que le dió cuando se negaba a ir a tocar a la Iglesia del pueblo porque él ya tenía un cierto nivel: "Sabes, el talento que tienes es un regalo, te ha sido dado. Te va a hacer subir. Cuando estés en la cúspide, el único lugar al que podrás ir es hacia abajo. Mientras subas, te cruzarás con otras personas. Si les has faltado al respeto, cuando desciendas no te acompañarán". Una reflexión que todos deberíamos tener en cuenta.

miércoles, 13 de enero de 2010

POR CIERTO...



A diez días del centenario del nacimiento de ese genial gitano que fue capaz de meter toda una big band en su guitarra, no puedo sino sentir envidia de tu proximidad a los escenarios de esa música de la que Django fue profeta,
Aunque sé que lo tuyo por Reinhart es pasión veo que, además, te has dejado dominar por el escenario que se apresta para la celebración y, aunque comparto contigo el gusto por algúno de los intérpretes que citas, no me queda más remedio que limitarme a brindar por la memoria del gitano: Bravo pour Django!

Al margen de recordar a Django y celebrar tu magnífica entrada, quiero en este "Por cierto" seguir cavando en la veta que abriste en el tuyo de hace unos días, porque creo que ya es hora que todos, especialmente nosotros que trabajamos o hemos trabajado en los medios, nos esforcemos en distinguir a los autores de las canciones de sus intérpretes. Canciones maravillosas, la verdadera música,que, como escribió el genial Paolo Conte, "te hace reír y de repente te hace llorar".
Yo descubrí a los "songwriters" de la mano de Ella Fitzgerald y aquellos increíbles "songbooks" que grabó para Verve a uno y otro lado de la frontera del estéreo. Con el tiempo me hice con todos y he de decir que son uno de mis más preciados tesoros. Un tesoro que, por cierto, cedí a la discoteca de la SER, no para la misma SER, sino para sus oyentes.
La pasión por los songbooks me llevó a MIchael Feinstein, un cantante y pianista judío nacido en Ohio y afincado en Nueva York, de voz tan increíblemenet bella como versátil, antropólogo y musicólogo que hace ya años emprendió la títánica labor de rescatar los cancioneros de autores más recientes, acompañado solo por propio autor al piano.
Esos cancioneros son algo tan delicioso y tan adictivo que tengo reparos en recomendarlos.
Aún así, prometo que algún día me extenderé sobre Feinstein y sus discos. De momento ahí va como aperitivo este medley de Gershwin, en el que, naturalmente, no le queda otro remedio que acompañarse él mismo al piano.

lunes, 11 de enero de 2010

A PROPÓSITO DE ROHMER



Cuando estoy a punto de saldar mi deuda con Fernández me, asalta la noticia de la muerte de Eric Rohmer, ese genio del cina francés, dulcemente moralista, que llenó mi juventud de historias aparentemente triviales a la par que tremendamente transcendentes. Su cine de lo cotidiano, su manera de narrar en tiempo lento, inauditas en tiempos del cine de carcajadas y explosiones, no reinó en las carteleras y, sin embargo, ha llenado un capítulo, y muy brillante, del cine europeo.
¿Qué pinta Rohmer, os preguntareis, en un blog de música? La respuesta está en la música de dos hermanas gijonesas, hijas de una madre librera y de esa movida tan especial y tan brillante de Gijón que ha dado gran parte de lo mejor del indie español.



Mar y Alicia Álvarez, que así se llaman estas dos gijonesas afincadas en Madrid, tocaban en Undershakers cuando decidieron emprender una nueva y simultánea carrera con un dúo que bautizaron como "Pauline en la playa". Curisoamente, una de ellas, creo que Mra, me confesó un día que cuando escogieron el nombre nada sabían de Rohmer ni de su cine. Escogieron el título de la película para bautizar su dúo sólo porque les gustaba.
Y paradójicamente la música de las hermanas Álvarez,sin ellas saberlo, tiene mucho que ver conlas historias cotidianas y los amores y desamores sencillos de las heroínas del cineasta francés.



Dicen que Pauline en la playa son las Vainica Doble de esta década, pero, para bien de la música y de ellas mismas, de existir algún parecido, es resultado de llegar a la misma meta por caminos distintos.
La música y los textos de Mar y Alicia y su manera de interpretar son una bendición y un lujo en el panorama del pop alternativo español. Y, eso sí, sin necesiddad de cantar en inglés vestidas de lánguidas folkies ni bautizarse como nacidas en Bostón, como hoy las hay a pares.



Sea con sus letras o con las del escritor,  pintor y paisano Ángel Guache, es difícil no enamorarse de ellas. Su estilo es fresco, muy poppy, aunque cargado del perfume y la sabiduría  del jazz, la salsa y el folk, poniendo un cuidado exqusito en las letras que da como resultado unas canciones fáciles de escuchar y de recordar. Su discografía, cuidadosamente editada hasta ahora por Subterfuge se resume en un prmer EP y tres álbumes que saben a poco y que se pueden encontrar con relativa facilidad en iTunes o en las páginas de la compañía y el dúo.




Hasta aquí, un poquito de mi pasión por las chicas de "Pauline en la playa". Pero ya puedo imaginarme a Antonio, nuestro Antonio, frotándose las manos para darnos una lección magistral sobre este par de asturianas que conocí gracias a él. Por ejemplo, me dirá que las chicas de "Pauline" están a punto de lanzar, si no lo han hecho ya,  su  cuarto álbum, ahora con Siesta, titulado "Física del equipaje". Ni que decir tiene que estoy deseando conseguirlo.

lunes, 4 de enero de 2010

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El año, como dice una amiga mía, me lo he comprado en Ikea y ahora hay que seguir las instrucciones para montarlo. Así que hay que empezar por la base...





Sirva esta magnífica interpretación del Modern Jazz Quartet como homenaje al increible guitarrista que fue Jean Baptiste Reinhardt, alias "Django", del que el próximo 23 de enero se conmemora el centenario de su nacimiento en una pequeña población belga donde su familia de gitanos nómadas instaló su campamento. "Django" era `manouche´, que es como se define en francés a los gitanos provenientes del centro de Europa y que, en la actualidad, tienen sus principales asentamientos en la región de Alsacia, de donde son originarias algunas de las dinastías musicales más prestigiosas: Schmitt, Lagrène, Loeffler... y donde el cineasta Tony Gatlif rodó su película "Swing" .
La música que `Django´ escuchó y practicó desde pequeño -con apenas 10 años, le tomó prestado a un primo un cochambroso banjo con el que tintaba de blues una mezcla de "Au clair de lune" y "La Madelon"- estaba más próxima a la de los ritmos zíngaros que del flamenco y, quizá por ello, fue más fácil su fusión con los ritmos danzantes que se tocaban en los bailes populares de París -les musettes- y los más sofisticados que llegaban desde el otro lado del Atlántico influidos, a su vez, por los ritmos africanos. `Django´-con su peculiar fraseo a la guitarra consecuencia de la parálisis que sufría en dos dedos de la mano izquierda- fue quien marcó la evolución hacia lo que hoy se conoce como "jazz manouche". Un estilo que durante años ha permanecido relegado en Francia como una curiosidad `folklorica´ para turistas americanos -¿os suena?- o para aquellos "connaisseurs" que se daban cita en el bareto que desde los años 60 ha guardado las esencias: `La Chope des Puces´, en el pueblo de Saint-Ouen donde están instaladas "las pulgas" (el Rastro) de París.





Tchavolo Schmitt es uno de los catedráticos que ha tenido esta universidad de la guitarra manouche, donde cada fin de semana de dos a siete de la tarde la dinastía de los García -Modine, el patriarca y luego su hijo Ninine- tocan en familia y con amigos desde 1963. Nada más gratificante para rebajar, por ejemplo, los callos a la provenzal o los mejillones al vino blanco que se pueden comer en el restaurante de la parte de atrás. Por su barra han pasado desde reconocidos delincuentes a estrellas internacionales, pero sobre todo se han cruzado veteranos -Romane, los hermanos Boulou y Elios Ferré- y jóvenes músicos como Stéphane Sanseverino y Thomas Dutronc (hijo de Françoise Hardy y Jacques Dutronc) que se han convertido en los nuevos embajadores "payos" del jazz manouche y de los ritmos que le acompañaron en su nacimiento: la java, la polka, el tango y el swing. Hasta el punto que comienza a ser una moda entre los jóvenes de los barrios burgueses de la capital (el cuartel general de la nueva generación se encuentra en La Pinte, en el carrefour del Odeón de París). Pero al margen de las anécdotas, el jazz manouche cuenta con estrellas más apreciadas en el mundo anglosajón como Bireli Lagrène, que ha compartido escenario con los MacLaughlin, Lucia, DiMeola y Pastorius y colabora en el último disco del imprescindible trío del holandés Stochelo Rosenberg, y Angelo Debarre que en el siguiente tema hace una magnífica versión del tema que `Django´ compuso en homenaje a su casa discográfica: "Stomping at Decca"...

Este "Año Django" -ya sólo me quedan los últimos tornillos- quiere servir para revitalizar de manera duradera un estilo que tiene mucha cantera en Francia. Empezando por Levis Adel-Reinhardt -bisnieto del guitarrista y último de su dinastía-y Swan Berger, que con sólo 11 años es un prodigio que calienta el alma en estos tiempos sombrios, tan parecidos a los que le tocó vivir al propio `Django´.

domingo, 3 de enero de 2010

POR CIERTO...

...lo de Mercer nos viene a sacar del error de que la mayoría de las canciones que escuchamos están escritas por quien las interpreta. Hemos olvidado a los "escritores de canciones" como consecuencia de la irrupción de los cantautores en los años 60 -con Dylan a la cabeza-, la conversión en "marcas comerciales" de los binomios compositores al frente de las bandas de pop -lease Lennon/McCartney o Jagger/Richards- o, incluso, la apropiación pactada o indebida de la composición artística de otro en beneficio de la estrella -poned aquí los nombres que queráis...- En Francia, donde una buena letra vale una canción entera, existe aún hoy un reconocimiento público hacia estos letristas en la sombra. La muerte hace ahora apenas tres años de Pierre Delanöe fue reseñada por la prensa nacional como una gran pérdida para la "chanson". No en vano, su fructifera colaboración con Gilbert Bécaud dejó títulos planetarios como "Et maintenant" y su longevidad creativa le permitió trabajar con casi todas las generaciones de artistas franceses del siglo XX desde Édith Piaf a Dalida pasando por Aznavour, Halliday, France Gall y Juliette Greco.
No obstante, la musa de los existencialistas de Saint-Germain y novia efímera del gran Miles prefería a otros dos grandes escriotres de canciones: Gerard Bourgeois y Jean-Max Rivière, "irresistible tadem rubio (Bourgeois) y moreno (Rivière), guapos y grandes, asociación de impacto para damas sensibles y cantante en busca de buenas canciones". A ellos se debe una de ellas, que evoqué estas vacaciones navideñas con Astasio al hablar de Stephan Sanseverino y que erroneamente atribuí a Prévert -gran poeta, guionista y dramaturgo al que muchos cantantes franceses han tomado prestadas sus letras-: "Il suffirait de presque rien". Se trata de la historia de un maduro que se enamora de una jovencita y de cómo puede imaginar los comentarios maliciosos al respecto. Una delicia.