domingo, 6 de diciembre de 2009

EL ARTESANO

La primera y única vez que asistí a un concierto de Kip Hanrahan, descubrí a una especie de "lutin" barbudo y barrigudo -buen amante de la cerveza- que dirigía una banda de jazz desde atrás: apoyado sobre una de las columnas de amplificadores Marshall, y que de vez en cuando se movía y saltaba al ritmo de la música en una especie de baile que cualquier "pureta" mayor de 50 años ha repetido en más de una ocasión. Desde el patio de butacas, parecía el ayudante que de manera solícita aporta agua o toallas a los músicos y, sin embargo, era el inventor-muñidor de que el poeta Ishmael Reed y el bluesman Taj Mahal compartieran escenario en Bobigny -una de las ciudades de los suburbios parisinos- junto al bajista Fernando Saunders y al batería Ignacio Berroa en un proyecto musical que se llama "Conjure". Todo un alegato, además, contra la guerra -entonces era la de Irak, aunque siempre hay alguna otra-.

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Si uno busca en Internet la biografía de Kip Hanrahan, lo único que encuentra es que es un productor y percusionista de origen judio e irlandés que reside en Nueva York y que tiene un sello discográfico que se llama American Clavé. Pero los que le seguimos desde finales de los 80 -la primera vez que tuve referencia de él fue en un artículo de Carlos Galilea en El País- sabemos que es un músico que ha creado una leyenda al margen de la poderosa industria discográfica. Sus discos han contando con colaboraciones estelares aunque con modestia -como la de Sting en "Tenderness"-, ilustres -como la del bajista Steve Swallow (¡atentos a este enlace porque es flipante!), de personales pianistas -como Allen Toussaint y Carla Bley (el mismo enlace que antes, que para eso son pareja)-, de amigos -como Jack Bruce- y de genios -como el trompetista Lester Bowie-, además de maravillosos percusionistas: Ignacio Berroa, Giovanni Hidalgo, Puntilla Orlando Ríos...

Porque los discos de Kip Hanrahan son como una bola de nieve: comienzan con unas notas y te van envolviendo, rodeando, atrapando... hasta que alcanzas el éxtasis. "A Thousand Nights and a Night", "Vertical's Currency", "Coup de Tête"... No son fáciles -tengo que reconocerlo-, pero tienen el mérito de existir y crecer frente a una industria discográfica que durante muchos años todo lo ha manipulado a su antojo, creando y deshaciendo modas y artistas... No es sencillo, por tanto, hacerse con sus discos, aunque este es un aliciente más del coleccionista que sigue buscando la carpeta, las fotos, los textos, el detalle sobre qué músicos colaboran... y del que Internet sólo nos libera en parte... Aquí está este artesano de la música en el festival de jazz de Nancy en 2008 y con la cantante Lizz Wright de invitada.

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