viernes, 1 de octubre de 2010

POR CIERTO...























Por cierto, querido Fernández, mi ausencia ha sido más larga y quiza menos justificable que la tuya, Pero aquí estoy de nuevo. Se me juntaron asuntos domésticos -reformas incluidas- que sólo tú y Mariés sabéis lo duros que son, con otras incidencias médicas, nada que deba preocuparte. Pero el caso es que ya estoy aquí de nuevo.
Me gustó tu entrada sobre Dave Holland y Pepe Habichuela. Yo ya había comprado el disco que me parece de lo más digno que se ha hecho en cuanto al mestizaje entre flamenco y jazz. Pepe se lo merece, porque son ya muchos años de ciencia musical, siempre con los mejores. Yo le conocí cuando acompañaba a Morente, allá a finales de los setenta, cuando grabaron aquel soberbio homenaje a Don Antonio Chacón. Ya por entonces era un tipo cllado, pero, sobre todo, listo y magnífico guitarrista como su hermano.
Sin embargo, no es de Pepe de quien quiero hablarte, sino, ahora que se nos ha ido el más digno de ellos, de alguno de nuestros "viejos" cantautores, a los que aún no hemos correspondido como se merecen.
Me emocionó sobremanera la muerte digna y discreta de José Antonio Labordeta, un hombre bueno que supo ser generoso y justo en todo lo que hizo y que, seguramente, se hubiese puesto colorado de haber sabido la que se organizó para despedirle. Fíjate la trascendencia que tuvo este hombre grande y modesto que ahora quieren que su "Canto a la Libertad" se convierta en himno de Aragón. Sería hermoso, pero, más que eso, sería el justo reconocimiento a uno de los personajes que más ha hecho por preservar la identidad de Aragón... y de España.



Pensando en Labordeta recordé a otro de mis cantautores preferidos, Pablo Guerrero, llenas de poesía íntima y reivindicativa sus canciones. Quién no recuerda y quién no ha cantado alguna vez aquel "A cántaros" que, para muchos, inauguraba tantas esperanzas. O ese "Buscándonos" que hablaba de amor tembloroso o esa desgarrada maravilla a ritmo de martinete que es "Extremadura".




Pues bien, pensando en José Antonio y en Pablo, caí en la cuenta de que Ismael Serrano había echado su cuarto a espadas, jugándose su dinero en el disco "Hechos de nubes", un homenaje discográfico a Pablo Guerrero, más poeta ahora que cantante por culpa del tabaco. Un homenaje en el que he redescubierto muchas de sus canciones en las versiones del propio Ismael, de Javier Álvarez, de Javier Ruibal, de Serrat, de Víctor Manuel, de Luz Casal, de Luis Pastor, de Javier Bergia, de La Cabra Mecánica, de Suburbano... Pero, de todas, hay dos que me emocionan especialmente. Una es la que de "Sueños sencillos", que cierra el disco, hece el más rebelde de nuestros cantautores, Quique González.



La otra, el corte nueve, es para mí la más emocionante. Y lo es por muchas razones. Lo es porque José Antonio Labordeta ya no está, aunque sigue siendo; lo es porque quizá fue su última grabación y, sobre todo, lo es porque esta canción "de corro y de lucha" que un día escribió Pablo, suena hoy como desde el más allá en la voz de Labordeta.

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