viernes, 1 de octubre de 2010
POR CIERTO...
Por cierto, querido Fernández, mi ausencia ha sido más larga y quiza menos justificable que la tuya, Pero aquí estoy de nuevo. Se me juntaron asuntos domésticos -reformas incluidas- que sólo tú y Mariés sabéis lo duros que son, con otras incidencias médicas, nada que deba preocuparte. Pero el caso es que ya estoy aquí de nuevo.
Me gustó tu entrada sobre Dave Holland y Pepe Habichuela. Yo ya había comprado el disco que me parece de lo más digno que se ha hecho en cuanto al mestizaje entre flamenco y jazz. Pepe se lo merece, porque son ya muchos años de ciencia musical, siempre con los mejores. Yo le conocí cuando acompañaba a Morente, allá a finales de los setenta, cuando grabaron aquel soberbio homenaje a Don Antonio Chacón. Ya por entonces era un tipo cllado, pero, sobre todo, listo y magnífico guitarrista como su hermano.
Sin embargo, no es de Pepe de quien quiero hablarte, sino, ahora que se nos ha ido el más digno de ellos, de alguno de nuestros "viejos" cantautores, a los que aún no hemos correspondido como se merecen.
Me emocionó sobremanera la muerte digna y discreta de José Antonio Labordeta, un hombre bueno que supo ser generoso y justo en todo lo que hizo y que, seguramente, se hubiese puesto colorado de haber sabido la que se organizó para despedirle. Fíjate la trascendencia que tuvo este hombre grande y modesto que ahora quieren que su "Canto a la Libertad" se convierta en himno de Aragón. Sería hermoso, pero, más que eso, sería el justo reconocimiento a uno de los personajes que más ha hecho por preservar la identidad de Aragón... y de España.
Pensando en Labordeta recordé a otro de mis cantautores preferidos, Pablo Guerrero, llenas de poesía íntima y reivindicativa sus canciones. Quién no recuerda y quién no ha cantado alguna vez aquel "A cántaros" que, para muchos, inauguraba tantas esperanzas. O ese "Buscándonos" que hablaba de amor tembloroso o esa desgarrada maravilla a ritmo de martinete que es "Extremadura".
Pues bien, pensando en José Antonio y en Pablo, caí en la cuenta de que Ismael Serrano había echado su cuarto a espadas, jugándose su dinero en el disco "Hechos de nubes", un homenaje discográfico a Pablo Guerrero, más poeta ahora que cantante por culpa del tabaco. Un homenaje en el que he redescubierto muchas de sus canciones en las versiones del propio Ismael, de Javier Álvarez, de Javier Ruibal, de Serrat, de Víctor Manuel, de Luz Casal, de Luis Pastor, de Javier Bergia, de La Cabra Mecánica, de Suburbano... Pero, de todas, hay dos que me emocionan especialmente. Una es la que de "Sueños sencillos", que cierra el disco, hece el más rebelde de nuestros cantautores, Quique González.
La otra, el corte nueve, es para mí la más emocionante. Y lo es por muchas razones. Lo es porque José Antonio Labordeta ya no está, aunque sigue siendo; lo es porque quizá fue su última grabación y, sobre todo, lo es porque esta canción "de corro y de lucha" que un día escribió Pablo, suena hoy como desde el más allá en la voz de Labordeta.
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Adriana no está sola
Será quizá porque me introduje en el tango de la mano de Carlos Montero y su complicada (de tocar, que no de escuchar) guitarra de ocho cuerdas, pero el caso es que lo que más me gusta de un buen tango suele ser el poema que lo sustenta.
Siendo así la cosa y dada mi inclinación a las voces femeninas que suenan masculinas, no debiera extrañaros que acabase en los brazos (musicales) de Adriana Varela, a la que Roberto Goyeneche un día regaló su mejor piropo, al decir que cantaba como un hombre. Y, como veréis, al "polaco" no le faltaba razón.
Adriana Varela que, más que cantar el tango, lo interpreta, tiene como el gran "polaco" garganta de arena y eso da una personalidad especial a su presencia. Lo que siempre he echado en falta en ella es que, quizá por sus orígenes próximos al ambiente rockero, sus primeros discos, grabados para Melopea, tienen un sonido un tanto bastardo y son por eso irregulares, sobre todo en el repertorio y en los pobres arreglos. Sin embargo, también esos orúgenes son más que dignos y, para queien quiera descubrirla del todo, son imprescindibles.
No sé si ella fue realmente la pionera en este resurgimiento del tango, un resurgimiento que ha tendio más fuerza en el lado femenino que en el de ellos. Pudiera ser que haya sido el lado femenino el que nos ha llegado a España. El caso es que, hasta hace poco, en mi discoteca sólo estaban ella y alguna que otra clásica como la Rinaldi y Libertad Lamarque. Pero eso ha cambiado, porque ahora que he descubierto que Adriana no está sola y que detrás, o al lado, de ella hay más de dos y más de tres señoras que lo hacen tan bien como ella no voy a poder parar. Por ejemplo, escuchad a Liliana Barrios.
La carrera de Liliana que arrancó, discográficamente al menos, en 1995, ha sido más coherente que la de la Varela, con objetivos más definidos y confiando siempre en arreglos y acompañamientos más sólidos. Sus discos, a cual mejor, han sido, después de aquel primer "Ecos del eco de tu voz", monográficos, dedicados a la música de Aníbal Troilo, "Troliana", Carlos Gardel, "Gardeliana", y el último "Épica, el viaje de Virgilio y Homero Expósito", dedicado a esa pareja de hermanos de los que salió, por ejemplo, el "Chau, no va más".
Gracias a alguna que otra antología de tango en voces femeninas, como "Damas del Tango" o "Women of tango", he descubierto a otras importantes "señoras" del género. Por ejemplo, a Mimí Kozlowski, con principios en el París de Fernández, y con discos de edición independiente, inaccesibles para internautas de andar por casa como yo. De todos modos, se puede conocer su trabajo a través de su magnífica y frustrante, porque es imposible comprar, página web. También en este clip podemos descubrirla interpretar, por ejemplo, al gran Piazzolla, junto a tangos de nuevo cuño.
La lista de damas y no tan damas que acompañan a la Varela podía crecer hasta el infinito. De momento os sugiero algún otro nombre, sugerido a su vez por un amigo: Valeria Munárriz, María Volonté, Emma Milán, Lidia Borda o Haydée Alba. Muy recomendables todas.
¡Ah! Se me olvidaba, que me perdonen los argentinos por las obviedades y los inevitables deslices.
Siendo así la cosa y dada mi inclinación a las voces femeninas que suenan masculinas, no debiera extrañaros que acabase en los brazos (musicales) de Adriana Varela, a la que Roberto Goyeneche un día regaló su mejor piropo, al decir que cantaba como un hombre. Y, como veréis, al "polaco" no le faltaba razón.
Adriana Varela que, más que cantar el tango, lo interpreta, tiene como el gran "polaco" garganta de arena y eso da una personalidad especial a su presencia. Lo que siempre he echado en falta en ella es que, quizá por sus orígenes próximos al ambiente rockero, sus primeros discos, grabados para Melopea, tienen un sonido un tanto bastardo y son por eso irregulares, sobre todo en el repertorio y en los pobres arreglos. Sin embargo, también esos orúgenes son más que dignos y, para queien quiera descubrirla del todo, son imprescindibles.
No sé si ella fue realmente la pionera en este resurgimiento del tango, un resurgimiento que ha tendio más fuerza en el lado femenino que en el de ellos. Pudiera ser que haya sido el lado femenino el que nos ha llegado a España. El caso es que, hasta hace poco, en mi discoteca sólo estaban ella y alguna que otra clásica como la Rinaldi y Libertad Lamarque. Pero eso ha cambiado, porque ahora que he descubierto que Adriana no está sola y que detrás, o al lado, de ella hay más de dos y más de tres señoras que lo hacen tan bien como ella no voy a poder parar. Por ejemplo, escuchad a Liliana Barrios.
La carrera de Liliana que arrancó, discográficamente al menos, en 1995, ha sido más coherente que la de la Varela, con objetivos más definidos y confiando siempre en arreglos y acompañamientos más sólidos. Sus discos, a cual mejor, han sido, después de aquel primer "Ecos del eco de tu voz", monográficos, dedicados a la música de Aníbal Troilo, "Troliana", Carlos Gardel, "Gardeliana", y el último "Épica, el viaje de Virgilio y Homero Expósito", dedicado a esa pareja de hermanos de los que salió, por ejemplo, el "Chau, no va más".
Gracias a alguna que otra antología de tango en voces femeninas, como "Damas del Tango" o "Women of tango", he descubierto a otras importantes "señoras" del género. Por ejemplo, a Mimí Kozlowski, con principios en el París de Fernández, y con discos de edición independiente, inaccesibles para internautas de andar por casa como yo. De todos modos, se puede conocer su trabajo a través de su magnífica y frustrante, porque es imposible comprar, página web. También en este clip podemos descubrirla interpretar, por ejemplo, al gran Piazzolla, junto a tangos de nuevo cuño.
La lista de damas y no tan damas que acompañan a la Varela podía crecer hasta el infinito. De momento os sugiero algún otro nombre, sugerido a su vez por un amigo: Valeria Munárriz, María Volonté, Emma Milán, Lidia Borda o Haydée Alba. Muy recomendables todas.
¡Ah! Se me olvidaba, que me perdonen los argentinos por las obviedades y los inevitables deslices.
domingo, 12 de septiembre de 2010
POR CIERTO...

...qué colección de voces femeninas. Siempre has tenido un gusto especial por ellas y un ojo excelente. La reseña que hiciste me recordó a un artículo que escribí hace más de 20 años en una revista madrileña y en el que pretendía describir a una generación de cantantes a las que denominé "las hijas de Mafalda" porque sin tener el mismo tono contestatario que Joan Baez, sí reivindicaban un sitio en una industria dominada por las voces masculinas. El referente era y sigue siendo -como bien dices- Joni Mitchel y allí estaban las Suzane Vega, Eddy Brickel, Tanita Tikaran, Tracy Chapman e incluso la tejana Gail Anne Dorsey, que no ha tenido mucho éxito en solitario pero que está considerada como una gran bajista. De hecho, ha acompañado a Bowie en sus últimas giras...
Digo esto porque hay mujeres que desafortunadamente se eclipsan a pesar de su talento.(Espero que no sea el caso de Ana Serrano o Rita Calypso a la que no conocía. Ha sido una grata sorpresa y espero que . Gracias como siempre Hernández por tus hallazgos.)Lo decía por una cantante y compositora a la que considero una de mis artistas de cabecera y que, sin embargo, lleva ya varios años sin publicar nada. Se trata de Fiona Apple: joven torturada a la que debo dedicar una entrada en este blog. A modo de aperitivo propongo esta lánguida versión de "Across the Universe" de los Beatles...
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domingo, 5 de septiembre de 2010
A CUATRO MANOS
Sirva este enunciado para recordar que este blog está escrito por dos personas con sus respectivos par de manos, aunque una de ellas, durante agosto y una parte de julio, parecía haberlas perdido. Disculpas, por tanto, a mi compañero y maestro Hernández por haber demorado la respuesta a sus dos muy atinadas entradas y que por si solas han sido capaces de llenar mi ausencia vacacional.
Sirva también para presentaros el disco que me ha acompañado durante esta pausa y que me ha sorprendido tanto por su calidad musical como por las buenas vibraciones que desprende. Se trata de "Hands" de Dave Holland y Pepe Habichuela...
Como sucediera con tantos otros -el último ejemplo lo contaba el propio Astasio en este blog al hablar de la atracción que ha ejercido el flamenco de Raimundo Amador en el tejano Howe Gelb- el bajista Dave Holland se ha dejado envolver por la familia Carmona y ha surgido una obra "flamenca" de un equilibrio casi perfecto. Además del virtuosismo de los dos solistas, a ello contribuye la coproducción de Josemi Carmona, hijo de Pepe y componente fundador de Ketama. Presente en los dos discos que revolucionaron el flamenco: "Songhai" y "Songhai II". La fusión del flamenco con otros ritmos -en aquel caso con los africanos de la kora de Toumani Diabate- nos parecen ahora naturales, pero aún recuerdo como Antonio Carmona debía justificar una y otra vez en las entrevistas que concedía en la época el nuevo rumbo que abrían para un género, el flamenco, prisionero de los puristas y de los prejuicios hacia los gitanos. Sin el paso dado por los jóvenes de la familia Carmona, no se entenderían, por ejemplo, obras de arte como el "Omega" grabado por Enrique Morente junto a Lagartija Nick...
Volviendo a Josemi Carmona, en el siguiente vídeo se le ve respaldando a la guitarra a su padre con un Dave Holland que si bien no alcanza los niveles de expresión en el contrabajo como los conseguidos por Javier Colina junto a Bebo Valdes y el Cigala, da una leción de contención y mesura...
Dave Holland -no confundir con el batería de Judast Priest- es un grande de la música de jazz que atiende a la máxima de su amigo Sam Rivers: "Tócalo todo. No te dejes nada". Desde que se diera a conocer en las formaciones de Miles Davis, no ha parado de tocar con casi to el mundo: desde Chick Corea a Betty Carter pasando por Stan Getz, Roy Haines, Pat Metheny y por supuesto sus amigos Jack DeJohnette y John Abercrombie. Este mismo año ha editado otro disco monumental en formación de octeto con una nueva generación de talentos del jaz como son los saxofonistas Antonio Hart y Chris Potter y el trombonista Robin Eubanks. Se llama "Pathways" y es una maravilla grabada en directo en el mítico club neoyorkino Birdland. Ante la falta de vídeos de tan magno evento, cuelgo el sólo que Holland hace del tema que da título al disco y que luego continúa en la compañía de Herbie Hancock, Wayne Shorter y Brian Blade...
Sirva también para presentaros el disco que me ha acompañado durante esta pausa y que me ha sorprendido tanto por su calidad musical como por las buenas vibraciones que desprende. Se trata de "Hands" de Dave Holland y Pepe Habichuela...
Como sucediera con tantos otros -el último ejemplo lo contaba el propio Astasio en este blog al hablar de la atracción que ha ejercido el flamenco de Raimundo Amador en el tejano Howe Gelb- el bajista Dave Holland se ha dejado envolver por la familia Carmona y ha surgido una obra "flamenca" de un equilibrio casi perfecto. Además del virtuosismo de los dos solistas, a ello contribuye la coproducción de Josemi Carmona, hijo de Pepe y componente fundador de Ketama. Presente en los dos discos que revolucionaron el flamenco: "Songhai" y "Songhai II". La fusión del flamenco con otros ritmos -en aquel caso con los africanos de la kora de Toumani Diabate- nos parecen ahora naturales, pero aún recuerdo como Antonio Carmona debía justificar una y otra vez en las entrevistas que concedía en la época el nuevo rumbo que abrían para un género, el flamenco, prisionero de los puristas y de los prejuicios hacia los gitanos. Sin el paso dado por los jóvenes de la familia Carmona, no se entenderían, por ejemplo, obras de arte como el "Omega" grabado por Enrique Morente junto a Lagartija Nick...
Volviendo a Josemi Carmona, en el siguiente vídeo se le ve respaldando a la guitarra a su padre con un Dave Holland que si bien no alcanza los niveles de expresión en el contrabajo como los conseguidos por Javier Colina junto a Bebo Valdes y el Cigala, da una leción de contención y mesura...
Dave Holland -no confundir con el batería de Judast Priest- es un grande de la música de jazz que atiende a la máxima de su amigo Sam Rivers: "Tócalo todo. No te dejes nada". Desde que se diera a conocer en las formaciones de Miles Davis, no ha parado de tocar con casi to el mundo: desde Chick Corea a Betty Carter pasando por Stan Getz, Roy Haines, Pat Metheny y por supuesto sus amigos Jack DeJohnette y John Abercrombie. Este mismo año ha editado otro disco monumental en formación de octeto con una nueva generación de talentos del jaz como son los saxofonistas Antonio Hart y Chris Potter y el trombonista Robin Eubanks. Se llama "Pathways" y es una maravilla grabada en directo en el mítico club neoyorkino Birdland. Ante la falta de vídeos de tan magno evento, cuelgo el sólo que Holland hace del tema que da título al disco y que luego continúa en la compañía de Herbie Hancock, Wayne Shorter y Brian Blade...
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lunes, 26 de julio de 2010
PST DATA AL POR CIERTO...
Gracias al amigo Daeddalus he caído en la cuenta de un dato que tenía y olvidé: Ana Serrano van der Laan es también la voz que se escondía detrás de la enigmática Rita Calypso que tanto gusta en Japón. Tengo los dos discos que edito Siesta. Dos álbumes magníficos para dejarse llevar y perderse bailando por los pasillos, como con este "Paper maché" de Burt Bacharach.
lunes, 19 de julio de 2010
POR CIERTO...
Por cierto, las luces y las lentejuelas unas veces dan y otras quitan.
Me explico, llevaba tiempo queriendo hablaros de una mujer a la que escuché en uno de esos directos de Radio 3, enamorándome sin remisión de su voz y de su simpatía. Tanto me gustó esa voz y esa forma de estar que abrí las orejas y me enteré de que su nombre artístico era, es, Ana Laan, aunque en los papeles figura como Ana Serrano Van der Laan. Me enteré también de que había nacido en España y de que, de niña, vivió en Noruega. Comprobé que domina el español y el inglés y que hace pinitos en noruego. Inmediatamente busqué sus discos y los encontré, dos, en iTunes. A partir de ahí no he dudado en presumir del hallazgo ante mis amigos, al igual que hago ahora con vosotros.
Paciencia con el clip, porque el sonido es un tanto modesto, pero la anécdota de la introducción es reveladora.
Realente, Ana es buena ¿O no?
Orégano, hermosa palabra, es el título de su primer disco -el segundo se llama "Chocolate y Rosas" y, entre ambos, pasaron muchas cosas. Tonto de mí, me conformé con su música y sus letras, sin preocuparme mucho más por saber quién era. Y resultó que era esa guapa mujer, alta y bella, a la que, empujando un carrito con un niño grande y rubio había visto alguna vez en los pasillos de la SER, cuando entrevistaban a Jorge Drexler. Y cuando confirmé el dato, deduje que en esta preciosa canción se hablaba de ella.
Qué lejos está esta bossa de lo que pasó tras el óscar por "Al otro lado", la canción de "Diarios de una motocicleta" y las lentejuelas. Ana había dejado de lado su carrera, sus conciertos en Libertad 8 y quién sabe donde, para cuidar a su hijo, el de Drexler, y, de repente, todo se vino abajo. La verdad es que esto que ahora os cuento no es el escándalo de cualquier programa de telebasura, sino algo más íntimo y doloroso que mereció, por ejemplo, el reproche público de Diego Manrique, un reproche que no sentó nada bien al cantautor uruguayo.
La verdad es que, como cantante y como inspiradora de canciones, prefiero a la íntima y secreta Ana, tan lejos de las portadas y la impudicia de la nueva relación de Drexler. Me quedo también, sin dudarlo, con los apasionados discos de los primeros años en España de Drexler, antes que con sus últimos trabajos y, cómo no, con esta "canción reproche" de Ana, antes que con la sofisticación hueca de Marlango.
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ESAS CHICAS
Hace ya tiempo que el folk dejó de ser esa música un tanto ñoña que servía lo mismo para el coro de una iglesia que para un fuego de campamento. Tras años de "himnos de batalla" o voces precisoistas, Joan Baez o Judy Collins, por ejemplo, llegaron al folk mujeres que, más allá de la belleza de sus voces o de su virtuosismo a la guitarra, tenían muchas e interesantes cosas que decir.
Afortunadamente, aquellas pioneras que se formaron en torno a la ciudad de Boston y sus festivales tienen ya relevo, qué digo relevo, relevos.
Sucesivas generaciones de cantautoras que, desde el humor más cañero a la dulce melancolía, llenan aquella brecha abierta, primero por la inefable Odetta y, a continuación, por Joan Baez o Judi Collins.
El gran salto en el vacío lo dio una mujer, Joni Mitchell, que, tras unos prncipios puristas en dúo con el marido que le dio el apellido y una hija que no quiso criar, se fue embebiendo del rock y el jazz que hacían sus "amigotes", hasta convertirse en una de las grandes autoras del último medio siglo.
Autora de gran prestigio, las canciones de Joni Mitchell se mueven a la perfección en el territorio del jazz, de la mano de sus queridos Herbie Hancock o Wayne Shorter, o en el del rock, como aquel sublime "Woodstock" de Crosby, Stills, Nash & Young o este "Big Yellow Taxi" que redescubrieron para el cine hace apenas unos años los Counting Crows.
Hay mucha música y mucha literatura en las canciones de Joni Mitchell y, de algún modo, podemos considerarla la madre de generaciones posteriores, ahora entre los cuarenta y los cincuenta, que han seguido sus pasos, recogiendo desde diferentess camposel testigo que, por cierto, aún no ha dejado.
Una de mis preferidas, digna de mejor suerte, es la preciosista Shawn Colvin, admirada y reclamada para alguno de sus discos por Mary Chapin Carpenter y capaz de momentos de belleza como éste, en el que la acompaña, con su voz y su violóín, Allison Kraus.
Con una historia durísima que arranca en Nueva Orleans y pasa por una fuga del hogar de sus padres adoptivos, una pareja italiana,, con robo del coche familiar incluido y continúa con drogas, centros de rehabilitación, y cárcel -cumplió los 18 años en prisión- Mary Gauthier destila una sensibilidad que se mete por todos los poros de la piel, hasta encogérnos el corazón. Creo que detrás de su música, hermosamente melancólica, se esconde toda la dureza de una sociedad, la norteamericana, en la que, desde hace años, no hay lugar para la misericordia.
Otra luchadora de la música, a la que descubrí casi por casualidad, es Ani DiFranco, también hija de inmigrantes italianos que, con apenas dieciséis años, ya editaba sus propias cassettes y que, quizá por eso, nunca quso entrar por el aro de las discográficas y creó la suya propia "Righteous Girl Records", algo así como "los discos de la chica que hace lo correcto", para grabar lo que quería y cuando quería y, además, a aquella gente en la que creía. Gracias a su calidad, su sello encontró pronto distrbución mundial y el que quiso pudo escuchar sus canciones sin recato ni censura. Canciones como este "Untouchable face", uno de susu primeros éxitos.
Sin exagerar, serían decenas las herederas de Joni Mitchell dignas de menció, pero hay poco espacio para ser exhaustivo y, por terminar, os dejo una "rara avis", desgraciadamenta mal o nada distribuida en España, Erin McKeown, virtuosa de varios instrumentos, gusta de pasear sus orígenes "folkies" por las fronteras del rock y,por qué no, del jazz. Aquí interpreta "Melody", dando prueba de esto último y manejando, sin desmerecer al mismísimo Les Paul, su guitarra.
Afortunadamente, aquellas pioneras que se formaron en torno a la ciudad de Boston y sus festivales tienen ya relevo, qué digo relevo, relevos.
Sucesivas generaciones de cantautoras que, desde el humor más cañero a la dulce melancolía, llenan aquella brecha abierta, primero por la inefable Odetta y, a continuación, por Joan Baez o Judi Collins.
El gran salto en el vacío lo dio una mujer, Joni Mitchell, que, tras unos prncipios puristas en dúo con el marido que le dio el apellido y una hija que no quiso criar, se fue embebiendo del rock y el jazz que hacían sus "amigotes", hasta convertirse en una de las grandes autoras del último medio siglo.
Autora de gran prestigio, las canciones de Joni Mitchell se mueven a la perfección en el territorio del jazz, de la mano de sus queridos Herbie Hancock o Wayne Shorter, o en el del rock, como aquel sublime "Woodstock" de Crosby, Stills, Nash & Young o este "Big Yellow Taxi" que redescubrieron para el cine hace apenas unos años los Counting Crows.
Hay mucha música y mucha literatura en las canciones de Joni Mitchell y, de algún modo, podemos considerarla la madre de generaciones posteriores, ahora entre los cuarenta y los cincuenta, que han seguido sus pasos, recogiendo desde diferentess camposel testigo que, por cierto, aún no ha dejado.
Una de mis preferidas, digna de mejor suerte, es la preciosista Shawn Colvin, admirada y reclamada para alguno de sus discos por Mary Chapin Carpenter y capaz de momentos de belleza como éste, en el que la acompaña, con su voz y su violóín, Allison Kraus.
Con una historia durísima que arranca en Nueva Orleans y pasa por una fuga del hogar de sus padres adoptivos, una pareja italiana,, con robo del coche familiar incluido y continúa con drogas, centros de rehabilitación, y cárcel -cumplió los 18 años en prisión- Mary Gauthier destila una sensibilidad que se mete por todos los poros de la piel, hasta encogérnos el corazón. Creo que detrás de su música, hermosamente melancólica, se esconde toda la dureza de una sociedad, la norteamericana, en la que, desde hace años, no hay lugar para la misericordia.
Otra luchadora de la música, a la que descubrí casi por casualidad, es Ani DiFranco, también hija de inmigrantes italianos que, con apenas dieciséis años, ya editaba sus propias cassettes y que, quizá por eso, nunca quso entrar por el aro de las discográficas y creó la suya propia "Righteous Girl Records", algo así como "los discos de la chica que hace lo correcto", para grabar lo que quería y cuando quería y, además, a aquella gente en la que creía. Gracias a su calidad, su sello encontró pronto distrbución mundial y el que quiso pudo escuchar sus canciones sin recato ni censura. Canciones como este "Untouchable face", uno de susu primeros éxitos.
Sin exagerar, serían decenas las herederas de Joni Mitchell dignas de menció, pero hay poco espacio para ser exhaustivo y, por terminar, os dejo una "rara avis", desgraciadamenta mal o nada distribuida en España, Erin McKeown, virtuosa de varios instrumentos, gusta de pasear sus orígenes "folkies" por las fronteras del rock y,por qué no, del jazz. Aquí interpreta "Melody", dando prueba de esto último y manejando, sin desmerecer al mismísimo Les Paul, su guitarra.
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